[La Sirenita Redux]

Me gustaría empezar con un recuerdo. Con el recuerdo de Ana. Anagrande. Ana Arranz. La madre de Ana, mi mujer. A quien recientemente perdíamos por culpa de esa enfermedad que nos engaña con su nomenclatura de horóscopo, con su falsa terminología de crustáceo playero, cuando en realidad no es más un cobarde y despiadado asesino que arrastra consigo todo, o casi todo, a su paso. Anagrande leyó 'Maremágnum 44'. Como también leyó, con antelación a la fecha de ser publicado, todo aquello cuanto he escrito. A ella le habría encantado estar hoy aquí. Aunque estoy seguro de que, en realidad, está aquí. Entre nosotros. Al menos yo, la siento muy cerca. Cada día se la quiere más. Recuerdo que, cuando acababa de leer el manuscrito, Anagrande me pasaba un papel en el que aparecían, puntuados, los títulos de los poemas que más le habían gustado. Éste era, o es, su poema favorito. Le puso un 10.


Texto extraído de la presentación de 'Maremágnum 44' en Madrid.
La Versión Redux y complementaria, algo más tenebrosa,
de este feliz poema puede leerse aquí (pincha, por favor).