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Reseña de Poemarx, de David Benedicte (Algaida, 2013)por Alberto García-Teresa

Dos mundos contrapuestos se integran, en una unidad sorprendente, en los poemarios de David Benedicte. El extrañamiento que provoca esa dislocación funciona como potenciador de la denuncia política en su afilado Biblia ilustrada para becarios, el primero de ellos, y de la sátira costumbrista de Maremagnum 44, el segundo. En Poemarx, Benedicte recupera de nuevo ese recurso para fu- sionar el mundo del cine y distintas figuras políticas, o, en general, el campo semántico y simbólico del marxismo-leninismo y del maoísmo. Esto hace que cada poema construya un universo propio y que cuente con una gran conciencia de unidad. En ese procedimiento, Karl, Harpo, Groucho, Chico y Zeppo Marx ejercen de bisagras gracias a la homonimia de su apellido.
Benedicte continúa con su propuesta de agitación a través de la literatura: emplea el desconcierto como elemento perturbador, desalertagador. Utiliza una potente ironía que busca corroer lo es- tablecido, lo preconcebido y lo esperable. El autor recupera la irreverencia del postismo, revalorizando la valía del humor, pero le insufla una potente carga crítica. Así, todo se orienta hacia una recepción activa por parte del lector, que conlleva una intención política: romper la sumisión y la docilidad. Igualmente, lleva a cabo una transgresión de los compartimentos estancos en los cuales se almacenan los espacios vitales. Su apuesta filosófica, por tanto, apunta a la confluencia y a la mezcolanza propias del pensamiento posmoderno. Los títulos de cada una de las piezas, como en sus obras anteriores, resultan fundamentales en esa descon- textulización, en esa orientación del sentido del texto.


Pone en marcha continuos juegos de palabras y términos de los ámbitos recogidos en cada poema que se basan en los equívocos fonéticos, y que causan confusión y polisemia. Se registran, de este modo, una infinidad de combinaciones basadas en títulos de películas, expresiones cinematográficas o nombres propios de actores y directores, como «Kate Morx», «Romarx Polanski», «Merx Gibson»... El volumen se cierra, no en vano, con una serie de notas finales y un listado de películas con sus títulos originales para ayudar a la comprensión de los múltiples guiños y reelaboraciones. De hecho, en esta ocasión, se precisa más que nunca del reconocimiento cómplice del lector, y puede que, en definitiva, el efecto termine por agotarse. Y es que se pone en exceso, quizá, el sentido del poema en ese reconocimiento, en especial en las piezas más breves.
En cualquier caso, Karl Marx, es, como se puede comprobar, el elemento vertebrador y desestabilizador, tal y como su pensamiento hace con el capitalismo. De este modo, el poemario esté lleno de comicidad, de humor negro (algo que extremará en Santa Claus va a Rehab), que funciona como catalizador. Al respecto, ahonda en esa intención el uso reiterado de Harpo Marx, ese singularísimo personaje, el más cómico de los hermanos. También por su capacidad disruptiva: no olvidemos su bocina que figura, a través de onomatopeyas, como su voz en varias piezas del volumen. Además, se añade un afán desacralizador y ridiculizador; desmitificador, en suma.
Asimismo, el escritor introduce muchísimos neologismos, formados por palabras compuestas o por la transformación de la categoría gramatical de sustantivos, adjetivos y verbos. Dichas amalgamas coinciden, además, en el método de yuxtaposición y de acumulación semántica que realiza el autor con las áreas temáticas.
Sin embargo, cuando Benedicte se despega de esos juegos, como en “Llueve Chivas Regal”, manifiesta un afiladísimo tono de denuncia que repasa críticamente nuestro entorno inmediato. Remarca las contradicciones del sistema, la crueldad imperante, la sinrazón de una vida dominada por la mercancía (y su carencia). Otras piezas poseen un alto contenido de lirismo, que supone un contrapunto en el conjunto de textos del libro (como ocurría ya, aunque con mayor abundancia, en Maremagnum 44). A su vez, otro gran número de poemas se componen de un solo verso, extraordinariamente irónico en general. Pero el mayor brillo se encuentra en las piezas más electrizantes, que poseen un ritmo muy vivo y una gran fuerza, que se hallan empujados por una notable agresividad.
Así, Benedicte continúa adelante con su original y corrosiva propuesta, que hace del sarcasmo y de la irreverencia su mejor herramienta para desmontar lo monolítico de nuestra sociedad y de nuestra cultura. 

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