[Palabras Para David]

Estamos aquí reunidos para festejar en sociedad la última maquinaria lírica de ciudadano Benedicte. Me han dicho que este ser humano y urbano nació en Madrid en 1969, cosa que no está muy clara, ya que testigos presenciales le han visto iluminar manicomios con el Panero que quería ser piel roja, fatigar los caminos con Vallejo, vislumbrar la aurora de Nueva York con un tal Federico García Lorca o pervertir con poesía al pobre de Flavio Briatore. También hay quien dice que tiene un doble que var por ahí escribiendo novelas como Travolta tiene miedo a morir, Valium o Guía Campsa de cementerios y un triple que da a la prensa, suplantando su buen nombre, conversaciones con gente de todo tipo. La policía ya está al tanto de todo esto.
 
Hagamos un poco de historia, este trabajador de la palabra comenzó la extracción del destilado benedictino hace ya algunos años, con Biblia ilustrada para becarios (donde dice "Cuando cierro los ojos / todo lo que veo / es mío"). Le siguió Maremágnum 44, mencón de honor al mejor poemario revelación de la revista Ágora, donde David dixit: "si nos fijamos / no hay nada tan quieto / como las olas", con el que ganó el primer concurso de haikus Fernando Quiñones. Algo después confeccionó una alucinada Karltelera con apariciones marxianas en Poemarx, Premio Ciudad de Badajoz, en el que se lee: "A la sobra del capitalismo se masacran cada día con destreza los más bellos valores estéticos". Más tarde llegó Santa Claus va a rehab, donde dice: "Fui yo fui yo fui yo... pero nadie sabrá nunca lo que hice".

Ahora aparece como un arcobaleno Poesía eres tuit, el poemario, no confundir cuando vayan a la tienda o a la red con otros artículos de título parecido de Bécquer o de Celaya. Entre otras muchas cosas, este libro es una serie de momentos estelares en la vida útil de un móvil. Un cruce lisérgico y dipsómano entre la sección de sucesos de un noticiero poético y un gospel espiritual y jondo condeando a ciento cuarenta pulsaciones y un bit donde se da cita el panteón jazzístico estragado por su propia adicción, las extrañas frutas que colgaban de los árboles al sur de la vergüenza, la gimnasia rítmica de la propaganda de estado, los caídos por la patria multinacional del tabaco y los emotikillers más salvajes de la nube semiótica que pende sobre nuestras cabezas. Desde ahora la poesía es un tuit cargado de futuro.

A mi modo de ver, el poeta llega a lo sublime por tres vías que son fáciles de vislumbrar, pero imposibles de separar nítidamente ya que coexisten en un mismo hábitat verbal. Yo las distingo en verdades como puños, que son certezas universales incuestionables de las que participa alguna idea o algún poema -como "los pelirrojos se casan entre ellos por una  mera cuestion de estética" o "nuestro cerebro no está construido para manejar la cantidad de culpa que nos asalta" o "la poesía salva vidas"-, versos absolutos que son evidencias líricas sobre las que el creador pone su dedo visionario -"el horror genera empleo" o "mi mamá me tiene dicho que los monstruos no existen" o "Adentro, la luz es la misma; siempre"- y hallazgos en su poética como "¿Cuándo desratizarán Disneylandia?" o "me comporto ante la Dirección como en realidad no soy" o como en la malagueña "Tengo que plantar maría / al pie de tu sepultura / para fumarme los restos / que queden de tu hermosura". Hay una cuarta vía menos evidente, más intelectual e intuitiva, que funciona en diferido y que golpea tarde y mal. Me han llegado declaraciones de personas atacadas por poemas del ciudadano Benedicte cuando iban a coger el autobús o justo a la salidad de un bar, eran testimonios de gente aterrada, no sabían qué hacer ya con sus vidas. Nadie escapa a los efectos secundarios de su lírica, ya que la poesía en sus manos es una ciencia exacta.

He discutido con el poeta todos los textos, medido el ancho de cada verso y su altura lírica y creo que no cometo una hipérbole o una imprecisión si digo que su ejecución es perfecta y que no hay una tipografía lo suficientemente grande que le haga justicia.

Hay en estas páginas, en este autor, sabiduría literaria -"Ha de haber locura en la poesía" o "esa misma poesía en su peor vertiente resulta pétrea jactanciosa ñoña criminal" o "no hay redención posible para ti, maldito poema"- como en muy pocos escritores -Joyce, Nabokov, Arno Schmidt- y es tal el dominio que tiene de su idioma, que en ese diálogo atemporal que todo artista mantiene con sus colegas de gremio, es digno comensal de la mesa en la que están sentados: Oliverio Girondo, Carlos Edmundo de Ory, Gloria Fuertes y Leopoldo María Panero.

Si es verdad que la obra más ambiciosa del hombre, a lo largo de los siglos, es la confección del papa topográfico del alma, les quiero hacer notar que esta noche tienen ante ustedes a uno de sus más cualificados geógrafos.

Sea para nuestro gozo.

Palabras leídas por el  insigne poeta Jose García durante la presentación de Poesía eres tuit en la librería café Vergüenza Ajena (Galileo, 56), de Madrid.



No hay comentarios:

Publicar un comentario