[El detective salvaje]

Poesía eres tú, pues ni modo

Yo empecé escribiendo poesía. Al menos cuando empecé a escribir en serio, cuando la apuesta era a vida o muerte, aunque es una forma exagerada de decirlo, pero se le parece, lo que escribí era poesía, y leí muchísima poesía. Siempre he admirado la vida de los poetas. Esa vida desmesurada, tan arriesgada. Y en ese sentido tal vez, sólo tal vez, ese amor mío por la poesía, por los poetas, se refleja en alguno de mis libros, no creo que en todos, pero sí en algunos. Además como poeta yo no soy nada de lírico, soy totalmente prosaico, cotidiano, mi poeta favorito es Nicanor Parra. Y Nicanor Parra ya lo dice, él no habla de crepúsculos, ni de damas recortadas sobre el horizonte, sino de comidas y luego de ataúdes y ataúdes y ataúdes, lo repite. Y es que la Antipoesía es poesía, sin ninguna duda. El manifiesto antipoético de Nicanor es poesía de la más pura.

“Poesía... eres tú”, dice Gustavo Adolfo Bécquer. La respuesta es una soberana estupidez, pero creo que es la única respuesta, pues ni modo. No sé qué es poesía. No, no lo sé. Ahora, sí sé quiénes estuvieron cerca del fenómeno poético. Para mí, Rimbaud y Lautréamont, siguen siendo los poetas por excelencia. El camino de Rimbaud y de Lautréamont, es el camino de la poesía. Y en ese sentido para mí, la poesía es un acto, es un gesto, más que un acto de adolescentes. ágil, inerme, que apuesta lo poco que tiene por algo que no se sabe muy bien qué es. Y que generalmente pierde. Alfred Jarry es también un gran poeta contemporáneo. Aunque escribió poca poesía.

Yo creo que todos los escritores, incluso los más mediocres, los más falsos, los peores escritores del mundo, han sentido durante un segundo la sombra de ese éxtasis. Sin duda el éxtasis no lo han sentido. El éxtasis tal cual, quema. Y alguien que lo siente durante un segundo y luego retorna a su mediocridad existencial, es evidente que no se ha metido en el éxtasis. Porque es terrible, es abrir los ojos ante algo que es difícil de nombrar.


Yo creo que la mejor poesía de este siglo está escrita en prosa. Hay páginas del Ulises de Joyce o de Proust o de Faulkner, que han tensado el arco como no lo ha hecho la poesía. Donde realmente te das cuenta, que el escritor se ha metido por una senda por donde nadie antes se había metido. Y en aquello que hablaba antes, del éxtasis baudelairiano o del éxtasis rimbaudiano yo haría una diferencia. Baudelaire es el poeta, y es el poeta adulto. Y yo hablaba del poeta adolescente. Baudelaire sabe muy bien lo que está haciendo; sabe muy bien que está innovando, maneja la técnica de una manera soberana. Él es dueño de usar todos sus recursos y en ese sentido no es frágil. Baudelaire es una roca. Es fuertísimo. Es como Whitman, en otro sentido, porque no se parecen en nada evidentemente. Son escritores que, aunque parezca que se van por la desmesura, en realidad son escritores de un gran sentido común. Porque en el centro de la literatura, en el centro del canon literario, básicamente está el sentido común. El sentido común que nos pertenece a todos, a todos los seres humanos. Baudelaire en ese sentido, aunque era un drogadicto o un borracho, es un pater familia, y es el abuelo sensato. Baudelaire nos muestra el camino y nos muestra sus herramientas y abre el camino y dice cómo abrirlo, cómo mostrarlo, y a partir de él además ese camino no sólo queda abierto, sino que pavimentado. Rimbaud y los poetas adolescentes encarnan otra situación. Porque Rimbaud y Lautréamont son los dos poetas adolescentes absolutos, en donde la pureza es tal, que quien se atreva a tocar, pero a tocarlos de verdad, se quema.



Palabras de Roberto Bolaño.
Feria Internacional del Libro, Santiago de Chile, diciembre de 1999.
¡Aaaaaaaamén!

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